Hablemos claro: La Homofobia es aquel fenómeno social por el cual una persona que se siente “normal” se cree a si mismo con derecho de agredir a una persona “anormal” solo por el hecho de ser homosexual; ya sea física o psicológicamente.
Dicho fenómeno debe ser erradicado de la sociedad.
Sin embargo, eso NO obliga a ninguna persona a aceptar como normal (natural) a la homosexualidad; ni a adaptar sus creencias religiosas o morales respecto a lo que es correcto o incorrecto, conveniente o inconveniente.
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nuestra sociedad moderna está llena de relativismos donde no existen el bien ni el mal absolutos, sino todo lo contrario (que a veces resulta peor que el mismo mal)…
Bueno para una sociedad tan relativizada, podríamos usar más los términos correcto vs. incorrecto, conveniente vs. inapropiado, etc.
En efecto toda persona es libre de elegir su camino, sea este verdadero o falso. En ese sentido, si, es cierto (a veces) que la orientación sexual de una persona es un asunto de elección; sin embargo cada día muchas personas, especialmente jóvenes son lanzados contra la pared de la homosexualidad sin que esta sea realmente su elección, sino que, como así nacieron (diran quienes los convencen) entonces no les queda más remedio que aceptar “felizmente ese camino”; (es decir, no tienen elección) especialmente jóvenes que desde muy temprana edad, experimentan con su sexualidad (mundo sobresensualizado) y se pierden en el “¿por qué siento esto?”
Bajo este contexto, muchas personas, familias y comunidades enteras han elegido vivir de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia Católica (que sin ser fanatista, por mucho me sigue siendo la mejor Iglesia de todo el universo). Entre esas enseñanzas, la Iglesia ilumina muchísimas Verdades en todos los ámbitos, desde espiritualidad, ecología, economía, hasta, por supuesto la vocación sexual del ser humano.
Cuando una comunidad que ha elegido vivir en estas enseñanzas ve a uno de sus amados hijos tomar un camino equivocado, en este u otro aspecto, entonces el asunto de elección se vuelve un tanto más complicado; especialmente por que estos hijos han elegido vivir y profesarse en contra de las enseñanzas de la Iglesia.
El “colectivo LGBT” como se hacen llamar, quisieran que la Iglesia diga que sus actividades no son incorrectas; que es el equivalente a decir “acéptenos como somos y no vean como algo raro a dos hombres besándose en el parque”
La Iglesia reconoce que existen muchas personas con inclinaciones hacia su mismo sexo, y que esto es todo un reto para ellas. Tambien reconoce que la sexualidad humana está orientada a la familia, la procreación y la complementareidad de los esposos (espiritual y física) y todo esto le dice a los LGBT que lo que hacen es algo así como un absurdo. Para estas personas, la Iglesia dice que hay que tratar estos temas con mucha delicadeza, con verdadero amor fraternal (lo cual definitivamente deja el irrespeto de lado) y dice que (dado que sus deseos sexuales no son compatibles con la vocación humana verdadera de la sexualidad) su plenitud espiritual está condicionada a vivir su vida en castidad.
La Iglesia tiene razón tanto en lo espiritual como en lo científico y en lo mecánico de la complementareidad sexual.
Ciertamente no debe existir violencia ni irrespeto para con ninguna persona, por diferente que esta sea de nuestra manera de pensar. Por llegar a un extremo, no debemos dejar de respetar a un ser humano aunque sea homicida, criminal o político; mucho menos irrespetar a una persona por su orientación sexual, su figura o su apariencia, ni por su manera de pensar.
En resumen, en efecto es una elección de la persona, pero una elección que tiene consecuencias para su vida; para su plenitud como ser humano; y para su salud también.
Cuando en nuestro camino nos encontramos con una persona que tiene estas dificultades, hemos de ser respetuosos, diligentes, cuidadosos y sobre todo hacerle saber lo mucho que vale como persona.